Comunidad del Corazón Eucarística de Jesús - Renovación Carismática Católica
Ministerio de Oración de Sanación e Intercesión

“¡Lázaro, sal fuera!”



¡Sal al encuentro del Señor de la vida!.  

Primero sábado del mes
 

  • Rosario eucarístico 
  • Consagración al Corazón de Cristo   
  • Letanías del Corazón Eucarístico de Jesús  
  • Novena de oración del Corazón eucarístico de Jesús   
 

4: 30 pm          Alabanza y Adoración 

5: 00 pm          Misa 

6: 30 pm          Resurrección y vida         
 
                         ... Compañerismo    

¡Todos son bienvenidos! 


Parroquia Santa Brigida de Suecia
77100 Whitaker Ave.
Van Nuys, CA 91406


“Jesús nos invita, casi nos ordena, a salir de la tumba en la cual nuestros pecados nos han hundido. Como Jesús ha resucitado con el proprio cuerpo, pero no ha regresado a una vida terrena, así nosotros 
resucitaremos con nuestros cuerpos que serán transfigurados en cuerpos gloriosos. Él nos espera junto al Padre, y la fuerza del Espíritu Santo que lo resucitó a Él, resucitará también al que está unido a él... Cristo no se resigna a los sepulcros que nos hemos construido con nuestras elecciones de mal y de muerte… nos llama insistentemente a salir de la oscuridad de la prisión en la que nos hemos encerrado, contentándonos con una vida falsa, egoísta, mediocre.” Dejémonos aferrar, liberar, por las palabras que Jesús nos repite a cada uno: “salí afuera”. Nuestra resurrección empieza cuando decidimos obedecer a la orden de Jesús de salir a la luz, a la vida. El grito de Jesús a Lázaro está dirigido a cada hombre, porque todos estamos signados por la muerte; “es la voz de Aquel que es el dueño de la vida y quiere que todos tengamos vida en abundancia.
Cristo no se resigna a los sepulcros que nos hemos construido con nuestras elecciones de mal y de muerte… nos llama insistentemente a salir de la oscuridad de la prisión en la que nos hemos encerrado, contentándonos con una vida falsa, egoísta, mediocre” Dejémonos aferrar, liberar, por las palabras que Jesús nos repite a cada uno: “salí afuera”. Nuestra resurrección empieza cuando decidimos obedecer a la orden de Jesús de salir a la luz, a la vida.
(Papa Francisco)




‘Sólo Jesús nos puede sacar de las tumbas interiores’

si permanecemos apegados al pecado nos convertimos en “corruptos”. Por este motivo, es necesario “salir de las zonas muertas del corazón”, de las “tumbas”, de la “necrosis espiritual.” 

“Todos somos pecadores, pero debemos tener cuidado de no convertirnos en corruptos”. “Sólo Jesús puede ayudarnos a escapar de las tumbas del pecado, de las zonas muertas de nuestro corazón”. 


“Si estamos muy apegados a estas tumbas, y las protegemos dentro de nosotros y no queremos que todo nuestro corazón resurja de nuevo a la vida, nos corrompemos y nuestra alma comienza a oler mal, al olor de la persona que está unida al pecado”.

tener la fuerza para escuchar lo que Jesús le dice a Lázaro: ‘¡Lázaro, sal fuera!’ 

“Así os invito a pensar por un momento en silencio: 
¿Dónde está mi necrosis? 
¿Dónde está la parte muerta de mi alma? 
¿Dónde está mi tumba? 

Y quitar la piedra, quitar la piedra de la vergüenza… Oigamos la voz de Jesús que, con la potencia de Dios, nos dice: ‘Sal, sal fuera de esa tumba dentro de ti''.

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Jn. 11, 1-45

« En aquel tiempo, había un cierto enfermo, Lázaro, de Betania, pueblo de María y de su hermana Marta. María era la que ungió al Señor con perfumes y le secó los pies con sus cabellos; su hermano Lázaro era el enfermo. Las hermanas enviaron a decir a Jesús: «Señor, aquel a quien tú quieres, está enfermo». Al oírlo Jesús, dijo: «Esta enfermedad no es de muerte, es para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella». Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo, permaneció dos días más en el lugar donde se encontraba. Al cabo de ellos, dice a sus discípulos: «Volvamos de nuevo a Judea». Le dicen los discípulos: «Rabbí, con que hace poco los judíos querían apedrearte, ¿y vuelves allí?». Jesús respondió: «¿No son doce las horas del día? Si uno anda de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo; pero si uno anda de noche, tropieza, porque no está la luz en él». Dijo esto y añadió: «Nuestro amigo Lázaro duerme; pero voy a despertarle». Le dijeron sus discípulos: «Señor, si duerme, se curará». Jesús lo había dicho de su muerte, pero ellos creyeron que hablaba del descanso del sueño. Entonces Jesús les dijo abiertamente: «Lázaro ha muerto, y me alegro por vosotros de no haber estado allí, para que creáis. Pero vayamos donde él». Entonces Tomás, llamado el Mellizo, dijo a los otros discípulos: «Vayamos también nosotros a morir con Él». Cuando llegó Jesús, se encontró con que Lázaro llevaba ya cuatro días en el sepulcro. Betania estaba cerca de Jerusalén como a unos quince estadios, y muchos judíos habían venido a casa de Marta y María para consolarlas por su hermano. Cuando Marta supo que había venido Jesús, le salió al encuentro, mientras María permanecía en casa. Dijo Marta a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano. Pero aun ahora yo sé que cuanto pidas a Dios, Dios te lo concederá». Le dice Jesús: «Tu hermano resucitará». Le respondió Marta: «Ya sé que resucitará en la resurrección, el último día». Jesús le respondió: «Yo soy la resurrección. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?». Le dice ella: «Sí, Señor, yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que iba a venir al mundo». Dicho esto, fue a llamar a su hermana María y le dijo al oído: «El Maestro está ahí y te llama». Ella, en cuanto lo oyó, se levantó rápidamente, y se fue donde Él. Jesús todavía no había llegado al pueblo; sino que seguía en el lugar donde Marta lo había encontrado. Los judíos que estaban con María en casa consolándola, al ver que se levantaba rápidamente y salía, la siguieron pensando que iba al sepulcro para llorar allí. Cuando María llegó donde estaba Jesús, al verle, cayó a sus pies y le dijo: «Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto». Viéndola llorar Jesús y que también lloraban los judíos que la acompañaban, se conmovió interiormente, se turbó y dijo: «¿Dónde lo habéis puesto?». Le responden: «Señor, ven y lo verás». Jesús se echó a llorar. Los judíos entonces decían: «Mirad cómo le quería». Pero algunos de ellos dijeron: «Este, que abrió los ojos del ciego, ¿no podía haber hecho que éste no muriera?». Entonces Jesús se conmovió de nuevo en su interior y fue al sepulcro. Era una cueva, y tenía puesta encima una piedra. Dice Jesús: «Quitad la piedra». Le responde Marta, la hermana del muerto: «Señor, ya huele; es el cuarto día». Le dice Jesús: «¿No te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios?». Quitaron, pues, la piedra. Entonces Jesús levantó los ojos a lo alto y dijo: «Padre, te doy gracias por haberme escuchado. Ya sabía yo que tú siempre me escuchas; pero lo he dicho por estos que me rodean, para que crean que tú me has enviado». Dicho esto, gritó con fuerte voz: «¡Lázaro, sal fuera!». Y salió el muerto, atado de pies y manos con vendas y envuelto el rostro en un sudario. Jesús les dice: «Desatadlo y dejadle andar». Muchos de los judíos que habían venido a casa de María, viendo lo que había hecho, creyeron en Él. »


Aquella bella promesa del Señor: “He aquí que yo abro sus sepulcros, los hago salir de sus tumbas” (Ez 37, 12), es la promesa del Señor que tiene la vida y tiene la fuerza de dar vida, para que aquellos que están muertos puedan retomar la vida. 

Nosotros estamos bajo el Espíritu Santo y Cristo en nosotros, su Espíritu, nos resucitará. 

El Evangelio, hemos visto como Jesús le ha dado la vida a Lázaro. Lázaro que estaba muerto, ha vuelto a la vida.
 
Todos nosotros tenemos dentro algunas zonas, algunas partes de nuestro corazón que no están vivas, que están un poco muertas. Y algunas tienen muchas partes del corazón, muertas. Una verdadera necrosis espiritual. Y nosotros, cuando tenemos esta situación, nos damos cuanta, queremos salir, pero no podemos. Solamente el poder de Jesús, el poder de Jesús es capaz de ayudarnos a salir de estas zonas muertas del corazón, estas tumbas del pecado que todos nosotros tenemos. Todos somos pecadores. Pero si nosotros estamos muy apegados a estos sepulcros y los cuidamos dentro de nosotros y no queremos que todo nuestro corazón resurja a la vida, nos corrompemos y nuestra alma comienza a tener, como dice Martha, “mal olor” (Jn 11, 39), el olor de aquella persona que esta apegada al pecado.  Todos nosotros podamos escuchar eso que Jesús le dijo a Lázaro: “Gritó con voz fuerte: ‘Lázaro, sal fuera’ ” (Jn 11, 43).
 
Hoy les invito a pensar un poco, en silencio, aquí: 
¿Dónde está mi necrosis? 
¿Dónde esta la parte muerta de mi alma? 
¿Dónde está mi tumba? 

Piensen, un minuto, todos, en silencio. 

Pensemos: ¿Cuál es aquella parte del corazón que se puede corromper, porque estoy apegado a lo pecados a al pecado o a cualquier pecado? Y mover la piedra, mover la piedra de la vergüenza y dejar que el Señor nos diga, como dijo a Lázaro: “¡Sal fuera!” Para que toda nuestra alma sea curada, sea resucitada por el amor de Jesús, por la fuerza de Jesús. Él es capaz de perdonarnos. Todos tenemos necesidad. 

Todos somos pecadores, pero debemos estar atentos para no hacernos corruptos. Pecadores, lo somos, pero Él nos perdona. Escuchemos aquella voz de Jesús que, con el poder de Dios, nos dice: “¡Sal fuera! Sal de esa tumba que tienes dentro. Yo te doy la vida, Yo te hago feliz, Yo te bendigo, Yo te quiero para mí”.
 
Nos de a todos nosotros la gracia de resurgir de nuestros pecados, de salir de nuestras tumbas con la voz de Jesús que nos llama a salir fuera, a ir hacia Él.
 
Escuchar la voz de Jesús que les dice: “¡Sal fuera! ¡Ven! ¡Ven afuera!” 

El relato de la resurrección de Lázaro puede darnos algunas pistas. El evangelista revela abiertamente el sentimiento y el cariño que tenía Jesús por aquellos hermanos. 

«Señor, el que Tú amas está enfermo» 

Al ver aquella escena de dolor, lamento y llanto, Jesús lloró. Lloró porque lo amaba, porque era su amigo. 

Al Señor de la vida, «gritó con voz fuerte: «Lázaro, ¡sal fuera!».



Juan 5: 5-9

Había allí un hombre que estaba enfermo desde hacía treinta y ocho años.
Al verlo tendido, y sabiendo que hacía tanto tiempo que estaba así, Jesús le preguntó: «¿Quieres curarte?». El respondió: «Señor, no tengo a nadie que me sumerja en la piscina cuando el agua comienza a agitarse; mientras yo voy, otro desciende antes».
Jesús le dijo: «Levántate, toma tu camilla y camina».
En seguida el hombre se curó, tomó su camilla y empezó a caminar. Era un sábado...

Filipenses 2: 9-11 Pongan en práctica lo que han aprendido y recibido, lo que han oído y visto en mí, y el Dios de la paz estará con ustedes.
Yo tuve una gran alegría en el Señor cuando vi florecer los buenos sentimientos de ustedes con respecto a mí; ciertamente los tenían, pero les faltaba la ocasión de demostrarlos. No es la necesidad la que me hace hablar, porque he aprendido a hacer frente a cualquier situación.

Apocalipsis 12: 10-11 Yescuché una voz potente que resonó en el cielo: «Ya llegó la salvación, el poder y el Reino de nuestro Dios y la soberanía de su Mesías porque ha sido precipitado el acusador de nuestros hermanos, el que día y noche los acusaba delante de nuestro Dios. Ellos mismos lo han vencido, gracias a la sangre del Cordero y al testimonio que dieron de él, porque despreciaron su vida hasta la muerte.

Apocalipsis 19: 13-16  y está vestido con un manto teñido de sangre. Su nombre es: «La Palabra de Dios». Lo siguen los ejércitos celestiales, vestidos con lino fino de blancura inmaculada y montados en caballos blancos. De su boca sale una espada afilada, para herir a los pueblos paganos. El los regirá con un cetro de hierro y pisará los racimos en la cuba de la ardiente ira del Dios todopoderoso.
En su manto y en su muslo lleva escrito este nombre: Rey de los reyes y Señor de los señores.

Isaías 55: 10-11 Así como la lluvia y la nieve descienden del cielo y no vuelven a él sin haber empapado la tierra, sin haberla fecundado y hecho germinar, para que dé la semilla al sembrador y el pan al que come, así sucede con la palabra que sale de mi boca: ella no vuelve a mí estéril, sino que realiza todo lo que yo quiero y cumple la misión que yo le encomendé.

Job 1: 6-10 El día en que los hijos de Dios fueron a presentarse delante del Señor, también el Adversario estaba en medio de ellos. El Señor le dijo: «¿De dónde vienes?». El Adversario respondió al Señor: «De rondar por la tierra, yendo de aquí para allá». Entonces el Señor le dijo: «¿Te has fijado en mi servidor Job? No hay nadie como él sobre la tierra: es un hombre íntegro y recto, temeroso de Dios y alejado del mal». Pero el Adversario le respondió: «¡No por nada teme Job al Señor!
¿Acaso tú no has puesto un cerco protector alrededor de él, de su casa y de todo lo que posee? Tú has bendecido la obra de sus manos y su hacienda se ha esparcido por todo el país.

Isaías 5: 5   Y ahora les haré conocer lo que haré con mi viña; Quitaré su valla, y será destruida, derribaré su cerco y será pisoteada.

Efesios 6: 10-17  Por lo demás, fortalézcanse en el Señor con la fuerza de su poder.
Revístanse con la armadura de Dios, para que puedan resistir las insidias del demonio. Porque nuestra lucha no es contra enemigos de carne y sangre, sino contra los Principados y Potestades, contra los Soberanos de este mundo de tinieblas, contra los espíritus del mal que habitan en el espacio.
Por lo tanto, tomen la armadura de Dios, para que puedan resistir en el día malo y mantenerse firmes después de haber superado todos los obstáculos.
Permanezcan de pie, ceñidos con el cinturón de la verdad y vistiendo la justicia como coraza. Calcen sus pies con el celo para propagar la Buena Noticia de la paz.
Tengan siempre en la mano el escudo de la fe, con el que podrán apagar todas las flechas encendidas del Maligno. Tomen el casco de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios.

Colosenses 2: 6-10  Vivan en Cristo Jesús, el Señor, tal como ustedes lo han recibido, arraigados y edificados en él, apoyándose en la fe que les fue enseñada y dando gracias constantemente. No se dejen esclavizar por nadie con la vacuidad de una engañosa filosofía, inspirada en tradiciones puramente humanas y en los elementos del mundo, y no en Cristo. Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la divinidad, y ustedes participan de esa plenitud de Cristo, que es la Cabeza de todo Principado y de toda Potestad.

Colosenses 2: 18-21 Que nadie los prive del previo, bajo pretexto de «humildad» y de un «culto de los ángeles». Esa gente tiene en cuenta solamente las cosas que ha visto y se vanagloria en el orgullo de su mentalidad carnal; pero no se mantiene unida a la Cabeza que vivifica a todo el Cuerpo y le da cohesión por medio de las articulaciones y de los ligamentos, a fin de que su crecimiento se realice en Dios.
Ya que ustedes han muerto con Cristo, a los elementos del mundo, ¿por qué se someten a las prohibiciones de «no tomar», «no comer» y «no tocar», como si todavía vivieran en el mundo?

Gálatas 4: 1-9  Voy a ser más explícito: el heredero, mientras es menor de edad, aunque sea propietario de todos sus bienes, en nada se diferencia de un esclavo.
En efecto, hasta la edad fijada por su padre, está bajo la dependencia de sus tutores y administradores. Así también nosotros, cuando éramos menores de edad, estábamos sometidos a los elementos del mundo. Pero cuando se cumplió el tiempo establecido, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer y sujeto a la Ley, para redimir a os que estaban sometidos a la Ley y hacernos hijos adoptivos.
Y la prueba de que ustedes son hijos, es que Dios infundió en nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama a Dios llamándolo» ¡Abba!, es decir, ¡Padre!
Así, ya no eres más esclavo, sino hijo, y por lo tanto, heredero por la gracia de Dios.
Antes, cuando ustedes no conocían a Dios, estaban al servicio de dioses que no lo son realmente.
Pero ahora, que conocen a Dios –o mejor dicho, que son conocidos por él– ¿cómo es posible que se vuelvan otra vez a esos elementos sin fuerza ni valor, para someterse nuevamente a ellos?



Oración de Sanación Interior 

Padre de bondad, te bendigo y te alabo y te doy gracias
porque por tu amor nos diste a tu hijo Jesús,
gracias padre porque a la luz del Espíritu
comprendemos que él es la luz, la verdad y el buen pastor
que ha venido para que tengamos vida
y la tengamos en abundancia.
Hoy, padre, me quiero presentar
delante de ti, como tu hijo.
Tú me conoces por mi nombre
pon tus ojos de Padre amoroso en mi vida.
Tu conoces mi corazón
y conoces las heridas de mi historia,
Tu conoces todo lo que he querido hacer
y no he hecho.

Conoces también lo que hice
o me hicieron lastimándome.
Tu conoces mis limitaciones,
mis errores y mis pecados
conoces los traumas y complejos de mi vida.
Hoy, Padre, te pido que por el amor
que le tienes a tu hijo Jesucristo,
derrames tu santo espíritu sobre mi,
para que el calor de tu amor sanador
penetre en lo más íntimo de mi corazón.
Tú que sanas los corazones destrozados
y vendas las heridas
sáname aquí y ahora de mi alma
mi mente, mi memoria y todo mi interior.
Entra en mi Señor Jesús,
como entraste en aquella casa
donde estaban tus discípulos
llenos de miedo.

Tu que apareciste en medio de ellos y les dijiste:
“Paz a vosotros ”
Entra en mi corazón y dame tu paz.
Lléname de tu amor,
Sabemos que el amor hecha fuera el temor.
Pasa por mi vida y sana mi corazón.
Sabemos, Señor Jesús,
que tu lo haces siempre que te lo pedimos
y te lo estoy pidiendo con María, mi madre,
la que estaba en las bodas de Cana
cuando no había vino
y tu respondiste a su deseo,
transformando el agua en vino.
Cambia mi corazón y dame un corazón generoso,
un corazón afable, un corazón bondadoso,
dame un corazón nuevo.

Has brotar en mi
los frutos de tu presencia.
Dame el fruto de tu Espíritu que es amor,
paz, alegría.
haz que venga sobre mi
el Espíritu de las bienaventuranzas,
para que pueda saborear
y buscar a Dios cada día,
viviendo sin complejos ni traumas
junto a los demás,
junto a mi familia,
junto a mis hermanos.

Te doy gracias padre,
por lo que estás haciendo hoy en mi vida.
Te doy gracias de todo corazón
porque tú me sanas,
porque tú me liberas,
porque tu rompes las cadenas
y me das la libertad.
Gracias, Señor Jesús,
porque soy templo de tu Espíritu
y ese templo no se puede destruir
porque es la casa de Dios.
Te doy gracias Espíritu Santo por la fe,
gracias por el amor que has puesto en mi corazón,
¡qué grande eres Señor Dios Trino y Uno!
Bendito y alabado seas, Señor.

Oración del P. Emiliano Tardif



ORACIÓN POR SANACIÓN FÍSICA 

Señor Jesús, creo que estás vivo y resucitado.
Creo que estás realmente presente
en el Santísimo Sacramento del altar
y en cada uno de los que en ti creemos.
Te alabo y te adoro.
Te doy gracias, Señor, por venir hasta mí,
como pan vivo bajado del cielo.
Tú eres la plenitud de la vida.
Tú eres la resurrección y la vida.
Tú eres, Señor, la salud de los enfermos.

Hoy quiero presentarte
todas mis enfermedades
porque tú eres el mismo ayer,
hoy y siempre
y tú mismo me alcanzas
hasta donde estoy.
Tú eres el eterno presente
y tú me conoces...

Ahora, Señor,
te pido que tengas compasión de mí.
Visítame a través de tu Evangelio
para que todos reconozcan
que tú estás vivo en tu Iglesia hoy;
y que se renueve mi fe
y mi confianza en ti.
Te lo suplico, Jesús.

Ten compasión de mis sufrimientos físicos,
de mis heridas emocionales
y de cualquier enfermedad de mi alma.

Ten compasión de mí, Señor.
Bendíceme
y haz que vuelva a encontrar la salud.
Que mi fe crezca
y me abra a las maravillas de tu amor,
para que también sea testigo
de tu poder y de tu compasión.

Te lo pido, Jesús,
por el poder de tus santas llagas,
por tu santa cruz y tu preciosa sangre.

Sáname, Señor.
Sana mi cuerpo,
sana mi corazón,
sana mi alma.

Dame vida y vida en abundancia.
Te lo pido por intercesión
de María Santísima, tu madre,
la Virgen de los Dolores,
la que estaba presente, de pie,
cerca de la cruz.
La que fue la primera en contemplar
tus santas llagas y que nos diste por madre.

Tú nos has revelado
que ya has tomado sobre ti,
todas nuestras dolencias
y por tus santas llagas hemos sido curados.

Hoy, Señor,
te presento en fe todas mis enfermedades
y te pido que me sanes completamente.
Te pido por la gloria del Padre del cielo,
que también sanes a los enfermos
de mi familia y a mis amigos.

Haz que crezcan en la fe,
en la esperanza,
y que reciban la salud
para gloria de tu Nombre.

Para que tu Reino
siga extendiéndose más y más
en los corazones,
a través de los signos
y prodigios de tu amor.
Todo esto te lo pido, Jesús,
porque tú eres Jesús.

Tú eres el buen pastor
y todos somos ovejas de tu rebaño.

Estoy tan seguro de tu amor
que aún antes de conocer
el resultado de mi oración,
En fe, te digo:
Gracias Jesús,
por lo que tú vas a hacer en mí
y en cada uno de ellos.

Gracias por las enfermedades
que tú estás sanando ahora,
gracias por los que tú
estás visitando con tu misericordia.

Oración del P. Emiliano Tardif




Para alabarte a ti Jesus


JESUCRISTO, TE LO PEDIMOS

Responder: Te alabamos Jesucristo

Te alabamos Jesucristo, por tu Evangelio, por lo que has dicho, por lo que hiciste y por lo que fuiste entre de sus hermanos y hermanas.

Te alabamos y de nuevo imploramos llorando con admiración lo que la multitud hizo contigo: Todo lo que hiciste y haces es bueno, la bondad y el bien en todas las cosas.

Te alabamos y te cantamos una nueva hosanna, la alegría de creer en ti; para encontrar nuevas palabras y nuevos sonidos para proclamar nuestra fe.

Te alabamos junto con los que pueden escucharte, los que comprendieron tus palabras y daban testimonio de que ningún hombre había hablado antes jamás como tú.

Te alabamos junto con los que te conocían, te amaban, nos unimos a todos tus discípulos que encontraron en ti una verdadera amistad, una amistad divina.

Te alabamos junto con aquellos que no te conocieron pero que te amaban mucho, y que experimentaron en la intimidad junto a ti la felicidad más pura.

Te alabamos junto con los que se unieron a ti en el Cielo (con todos los santos). Ellos te ven ahora en tu gloria más maravilloso que cuando pisabas la tierra entre nosotros.

AMEN


TE ADORAMOS


Responder todos: En tus manos, Padre, encomiendo mi espíritu.

  • Para adorarte en espíritu, Padre, y de verdad, nos acercamos como verdaderos adoradores como lo hizo Jesús con un corazón filial, con el deseo de complacerte y de abrirnos a ti.

  • Para adorarte en espíritu, porque tu eres espíritu, tu requieres de nosotros el amor más íntimo, el más espiritual con una vivacidad de la fe que nos hace aferrarse a tu ser invisible.

  • Para adorarte en espíritu, para discernir tu presencia en todas partes del universo, que se ha convertido tu templo y para darte la bienvenida, sobre todo en nuestros corazones en los que deseas quedarte con predilección.

  • Deseamos adorarte en la verdad completa, no para satisfacernos a nosotros mismos con el gesto ni con las palabras, sino para ofrecerte nuestras vidas y nuestra libertad, de modo que todos tus deseos se cumplan en nosotros.

  • ¡Permite que nuestra adoración nos libere hacia la maravilla de tu gran sabiduría con el encanto de tu bondad divina!. ¡Permite que se eleve entre las manos del Padre!